Cada vez más hijos de migrantes llegan a las escuelas mexicanas fronterizas

Las deportaciones, el desempleo o el vencimiento de las visas de sus padres contribuyen a que cada vez más niños que comenzaron sus estudios en EE.UU. tengan que continuarlos en ciudades fronterizas de México y adaptarse rápidamente a otra escuela, otro idioma y otro país.
EFE | Enero 26 de 2013
Las deportaciones, el desempleo o el vencimiento de las visas de sus padres contribuyen a que cada vez más niños que comenzaron sus estudios en EE.UU. tengan que continuarlos en ciudades fronterizas de México y adaptarse rápidamente a otra escuela, otro idioma y otro país.

En 1996 las autoridades mexicanas pusieron en marcha el Programa Binacional de Educación Migrante (Probem), cuyo objetivo es atender a alumnos de padres mexicanos que iniciaron sus estudios en otro país y apoyarlos en su proceso de readaptación.

Sólo en Baja California hay unos 1.800 estudiantes inscritos en este proyecto en Baja California, de los cuales, alrededor de 800 se encuentran en Tijuana. Más del 90 % proceden de EE.UU.

Yara Amparo López, coordinadora estatal del Probem, explica en una entrevista con Efe que el cambio de sistema educativo para estos estudiantes suele ser "difícil", debido a lo distintos que son los planes de enseñanza en ambos países.

El programa, que se aplica en once escuelas de Baja California, pone el énfasis en mejorar tres aspectos, según detalla la coordinadora: La relación entre el alumno y el maestro, la organización interna de la escuela y el sistema de evaluación.

López explica que uno de los primeros cambios que notan muchos niños es la cuestión del horario. "En EE.UU. el alumno está acostumbrado a ir en la mañana y aquí en ocasiones, por falta de espacio en las aulas, debe ir en la tarde", comentó. "Ese impacto para el estudiante es un choque muy fuerte".

Sin embargo, el desconocimiento del español es la principal barrera con que se topan la mayoría de estos estudiantes, aunque en casi todos los casos aprenden a dominarlo en el primer ciclo escolar.

"No tenemos ahorita estrategias planteadas por docentes que les digan cómo aprender el español", así que "el alumno aprende el idioma por necesidad, gracias a sus compañeros" de escuela, donde las materias que se enseñan son iguales para todos.

Lo que sí se hace es ofrecer formación a los maestros para que sepan dar la atención necesaria a estos alumnos, cuyo número ha aumentado considerablemente en el área de Tijuana desde 2008, a raíz del aumento de las deportaciones y el empeoramiento en la economía estadounidense.

En algunos casos, cuando los padres son deportados o pierden su trabajo se llevan consigo a sus hijos, aunque éstos sean ciudadanos estadounidenses.

Ese es el caso de Deisy Gutierrez, estudiante de tercero en la Escuela Secundaria Técnica 1, que llegó a Tijuana hace dos años luego de que su madre fuera deportada. Ella y sus hermanos, que todos tienen ciudadanía estadounidense, dejaron EE.UU. con ella.

Los primeros días "quise llorar, pero me daba pena porque todos mis compañeros me estaban viendo", narra a Efe. "Recuerdo que en los recesos caminaba sola, no tenía amigos" en una escuela donde en la actualidad hay unos 70 niños en una situación parecida.

En un principio, Deisy no escribía ni leía español, lo que en seguida se notó en sus calificaciones, y tampoco entendía las conversaciones de sus compañeros, lo que en su opinión fue la mayor barrera para empezar a socializar.

"Me sentía muy sola, en un principio no hablaba con nadie", explica la joven que, poco a poco y con ayuda de sus maestros y compañeros, se ha adaptado al nuevo sistema.

Su madre, María Azucena Hernández, relata que la deportación cambió la vida de toda su familia y asegura que fue estafada por una abogada de inmigración, que rellenó incorrectamente la documentación. Fue deportada el mismo día en que fue a entregar los papeles para obtener la residencia.

"Me cambian la vida: Yo salí de mi casa contenta esa mañana y de repente me sacan de mi vida, del país donde formé un hogar", relata. Junto a su esposo, tomó la decisión de que sus hijos se fueran a México con su madre para que no estuvieran solos, ya que el padre trabaja todo el día.

El cambio "fue muy drástico. Fue muy difícil para todos. El obstáculo más grande era el idioma, que no lo conocían. Aunque sus padres somos mexicanos, conocían lo más básico", relata Hernández, quien veía a sus hijos "llorando y deprimidos", aunque ahora los ve "más adaptados" y saca lo más positivo de esta experiencia.

"Conocieron una cultura nueva, sus raíces, además que ya son bilingües y eso les va ayudar mucho en su futuro", confía la madre.

El director de la escuela, Francisco Guillermo Escobedo, explica que para obtener buenos resultados con estos alumnos se necesita una labor conjunta de maestros y padres, aunque a la luz de las calificaciones de los estudiantes, no le cabe duda de que el programa está teniendo éxito. EFE

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